Rescatando

No me imagino a mis abuelos y bisabuelos comiendo algunas de las cosas que nosotros comemos ahora, no sé si es también vuestro caso pero echando la vista atrás creo que lo más difícil sería encontrar las similitudes, ¿no os parece?

Por un lado está la gran oferta que encontramos en los mercados, tanto color, tantos olores nuevos y tanta variedad, ¿sóis capaz de hacer una dieta suficientemente variada como para integrar tantas frutas, verduras y hortalizas como las que nos ofrecen los comerciantes? Yo no puedo mentiros, ¡ni por mucho que lo intente!

Después están las posibilidades cárnicas, ya que muchos de nosotros hemos sabimo que existen más cortes que lomo, entrecot y solomillo, en parte gracias a la multitud de programas de cocina que se esfuerzan por mostrárnoslo cada día y hacer que parezca atractivo cocinar siempre cosas nuevas.

Y tampoco podemos olvidarnos de las especias, ¿es lo mismo comer pollo a la plancha que pollo a la plancha con curry? Por suerte para nosotros la globalización ha traído algo bueno y es la cantidad de especias y sabores del mundo que ahora están a nuestro alcance para poder comer algo nuevo y diferente cada día, aún sin salir de nuestros básicos, ¡no os parece alucinante!

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Creo que en mi casa podíamos preveer el menú de todo un mes y repetirlo por los siglos de los siglos sin dejarnos nada, ¿qué suponía una novedad? El día que había hígado de cordero o carne de caballo, que no eran muy habituales y parecía.

Supongo que la vida era más sencillas y tener un menú previsto facilita mucho las cosas.

Alguna vez habréis oído hablar de la matanza del cerdo; en algunas comunidades sacrificaban un animal al año y preparaban sus resto para alimentarse durante todo el año con diferentes técnicas de conservación. Ahora eso no está permmitido y nuestros alimentos se han llenado de conservantes, diferentes “E” que hacen las veces de las conservas y salazones de antaño.

Esa falta de innovación con la que se conformaban suponía una alimentación rica, variada (por temporada) y sumamente ecológica que ahora hemos perdido. Por contra, la multitud de opciones que inunda nuestros sentidos se basa en las importaciones, las premaduraciones en cámaras, los conservantes, colorantes, saborizantes y demás antes que se han colado en nuestra alimentación para quedarse.

Cuando vamos a comprar es difícil no dejarse llevar por las tentaciones, tal o cuál receta, probar esto o aquello y, ¿qué pasa después en casa? ¿Sóis capaces de completar una previsión con vuestra compra o acabáis tirando la mitad?

A mi me gustaría acercarme a lo que fueran las raíces de mi hogar, la alimentación de mis abuelos y bisabuelos, aunque ligeramente adaptada a los tiempos que corren y por eso trato de desterrar los alimentos procesados, la comida chatarra o basura no tiene cabida en mi cuerpo porque no quiero tratarlo como un basurero. Me encantaría volver al pequeño comercio, a las carnicerías, a los mercados, a las verdulerías y pescaderías, comprar cosas que parezcan alimentos y cocinarlos de forma sencilla, eso sí, con las especias y sabores del mundo y así sí que habrá cada día algo distinto para sorprender a mis sentidos y disfrutar de la variedad que se me ofrece.

Quiero probar el arroz al curry con pollo y verduras, las patatas rellenas de carne vegetariana con especias, unas galletas de cardamomo y pistacho o el pastel de mazana con espcias. Y lo que no se va a olvidar es hacer mi compra de especias y sabores del mundo en Comolomio.com

Vanesa Moliner

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